viernes, 22 de febrero de 2013


EL SECUESTRO

Una noche de invierno, me enfadé con mi familia y me fui de casa. Solo anduve unos pocos metros, cuando, de repente, noté que alguien me golpeaba con una barra de acero dejándome inconsciente.
Me desperté en una habitación oscura atado a una silla, y, preso del miedo, empecé a gritar. De repente, apareció un señor enorme, de mas o menos un metro noventa. Aquel hombre daba miedo. Tenía una barba larga y de color oscuro, una gran calva en la cabeza, y en el bolsillo de su pantalón escondía una pistola. Aquel señor me tapó la boca con un esparadrapo, y, dándome un golpe en la cabeza con la barra de acero, me dejó inconsciente. Cuando desperté, esta vez estaba en un sitio distinto, pero ni se me ocurrió abrir la boca.
Estuve por lo menos un día entero sin comer, sin beber y sin dormir, cuando  oí que se abría la puerta y apareció ese hombre. Me asusté mucho, pero esta vez no me hizo nada más que preguntarme si mi familia tenía dinero. No supe que contestar, así que estuve un minuto callado. El hombre me volvió a hacer la misma pregunta, y yo no tuve más remedio que responder:
-No, mi familia es bastante pobre.
Este se marchó sin decir nada.
Al poco rato, volvió, pero esta vez no volvió solo, si no con mi hermana.
La puso a mi lado y nos preguntó la misma pregunta de antes:
-¿Vuestra familia tiene dinero?
Cada uno respondió una cosa y por eso me volvió a golpear con la barra de acero, pero ahora no solo a mí.
Cuando recuperé la consciencia, tenía al frente al hombre, pero esta vez no estaba mi hermana, viva, quiero decir. Ese hombre le había pegado un tiro sin piedad. Yo lloraba y el hombre me amenazó:
-¡O te callas o acabarás como tu hermana!
No tuve otro remedio que intentar dejar de llorar, pero no podía, la tristeza me tenía controlado. Justo cuando me puso la pistola en el cuello, y cuando estaba a punto de disparar… Apareció la policía. Consiguieron arrestar al hombre, pero lo de mi hermana, ya no se podía solucionar. A la salida de aquella casa, que estaba en medio del bosque, me encontré con mi madre.
Cuando me vio solo rompió a llorar a la vez que me preguntaba:
-¿Tu hermana sigue viva?
Entre lágrimas tuve que responder que no.
Los dos llorábamos, cuando salió de la casa la policía con mi hermana al lado, y mi madre y yo nos quedamos pasmados.
La policía nos contó que lo que tenía a mi lado no era mi hermana muerta, eso es lo que yo creí porque la poca luz que había no me permitió ver otra cosa, pero lo que yo tenía al lado era un muñeco muy bien hecho y colocado en la silla. Desde entonces, en nuestra casa no nos hemos vuelto a separar ni a enfadar.  

Daniel Escudero Álvarez.              22 de febrero de 2013


2 comentarios:

  1. Me parece que esta historia está muy bien contada porque está ordenada, limpia y interesante

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  2. Es una historia bastante, a mí me ha tenido atenta hasta el final,por eso me ha gustado.También hace que se entienda bien ya que está limpia y ordenada.Aunque podía haber añadido alguna imágen.

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