EL SECUESTRO
Una noche de invierno, me enfadé con mi familia y me fui de casa. Solo
anduve unos pocos metros, cuando, de repente, noté que alguien me golpeaba con
una barra de acero dejándome inconsciente.
Me desperté en una habitación oscura atado a una silla, y, preso
del miedo, empecé a gritar. De repente, apareció un señor enorme, de mas o
menos un metro noventa. Aquel hombre daba miedo. Tenía una barba larga y de
color oscuro, una gran calva en la cabeza, y en el bolsillo de su pantalón
escondía una pistola. Aquel señor me tapó la boca con un esparadrapo, y, dándome
un golpe en la cabeza con la barra de acero, me dejó inconsciente. Cuando
desperté, esta vez estaba en un sitio distinto, pero ni se me ocurrió abrir la
boca.
Estuve por lo menos un día entero sin comer, sin beber y sin
dormir, cuando oí que se abría la puerta y apareció ese hombre. Me
asusté mucho, pero esta vez no me hizo nada más que preguntarme si mi familia
tenía dinero. No supe que contestar, así que estuve un minuto callado. El
hombre me volvió a hacer la misma pregunta, y yo no tuve más remedio que
responder:
-No, mi familia es bastante pobre.
Este se marchó sin decir nada.
Al poco rato, volvió, pero esta vez no volvió solo, si no con mi
hermana.
La puso a mi lado y nos preguntó la misma pregunta de antes:
-¿Vuestra familia tiene dinero?
Cada uno respondió una cosa y por eso me volvió a golpear con la
barra de acero, pero ahora no solo a mí.
Cuando recuperé la consciencia, tenía al frente al hombre, pero
esta vez no estaba mi hermana, viva, quiero decir. Ese hombre le había pegado
un tiro sin piedad. Yo lloraba y el hombre me amenazó:
-¡O te callas o acabarás como tu hermana!
No tuve otro remedio que intentar dejar de llorar, pero no podía,
la tristeza me tenía controlado. Justo cuando me puso la pistola en el cuello,
y cuando estaba a punto de disparar… Apareció la policía. Consiguieron arrestar
al hombre, pero lo de mi hermana, ya no se podía solucionar. A la salida de
aquella casa, que estaba en medio del bosque, me encontré con mi madre.
Cuando me vio solo rompió a llorar a la vez que me preguntaba:
-¿Tu hermana sigue viva?
-¿Tu hermana sigue viva?
Entre lágrimas tuve que responder que no.
Los dos llorábamos, cuando salió de la casa la policía con mi
hermana al lado, y mi madre y yo nos quedamos pasmados.
La policía nos contó que lo que tenía a mi lado no era mi hermana
muerta, eso es lo que yo creí porque la poca luz que había no me permitió ver
otra cosa, pero lo que yo tenía al lado era un muñeco muy bien hecho y colocado
en la silla. Desde entonces, en nuestra casa no nos hemos vuelto a separar ni a
enfadar.
Daniel Escudero Álvarez. 22 de febrero de 2013
Daniel Escudero Álvarez. 22 de febrero de 2013
Me parece que esta historia está muy bien contada porque está ordenada, limpia y interesante
ResponderEliminarEs una historia bastante, a mí me ha tenido atenta hasta el final,por eso me ha gustado.También hace que se entienda bien ya que está limpia y ordenada.Aunque podía haber añadido alguna imágen.
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